Volví a jugar a juegos de mesa, a ver como mis amigos intentan hacer trampa sin que los vea, a sentir la inocencia y a pedirle deseos a las estrellas.
Volví a correr por el placer mismo de correr mientras disfruto de la lluvia golpeandome la cara, pregonando una sonrisa placentera, generando mariposas en mi panza.
Volví a darme cuenta que sin mis amigos me siento incompleta, que de no tenerlos mi vida sería una vizñeta entre tantas cosas que para ellos, los “grandes”, sería una treta.
Volví a encontrarme en la calesita de la vida, esa que de tantas vueltas no te aburre sino que te invita a armar la estrategia en busca de la sortija de la vida.
Recordé que la existencia suele tener “subi-bajas” y que, indefectiblemente, necesitas la complicidad de un “otro” que te balancee y te ofrezca su compañía.
Volví a jugar al “Pato Ñato”, eligiendo las personas para contarles mis profundos anhelos, para seducirlas con el coqueteo de príncipes, princesas, castillos y secretos.
Hoy sigo preguntándome “que quiero ser cuando sea grande” y a que me quiero dedicar cuando llegue ese momento y descubrí, que lo único que anhelo es ser consecuente con mis ganas de disfrutar, amar, jugar, aprender... y siento, realmente, que con eso ya tengo todo resuelto.
Feliz día del niño! Bienvenidos al juego de la vida!!!! :)




