lunes, 9 de julio de 2012

Acerca de los hombres


A veces suelo encontrarme en situaciones que pasan de divertidas a poco graciosas en escasos segundos. Por lo general, suelo ser una mujer simpática, que sigue el tren de la joda colectiva sin necesidad de poner voz aguda  al estilo “ayyy por favooor”, manito en la cara mediante, para decir que no estoy de acuerdo con lo que están diciendo. Sin embargo, en este fin de semana me ha tocado vivenciar dos situaciones un tanto llamativas en donde los protagonistas fueron hombres – no adolescentes, aclaro-  que, con el afán de acercarse, han acudido a la agresividad disfrazada de chiste.

Quien no me tiro un papelito, me pateó o deslizo un comentario “levemente” jodido, optó por ponerse la chabacanería al hombro buscando arrimarse a través del típico llamado “doble sentido” buscando así la complicidad de aquellas personas que acompañaban la reunión.

Son maneras, pensé. Sin embargo, no es un gesto que me atraiga o me acerque sino todo lo contrario. Parece evidente que hay hombres que, lamentablemente, utilizan este tipo de escudos para llamar la atención de una mujer y, sin ser conscientes, terminan poniendo sobre la mesa su lado más vulnerable.

No me enoja, no juzgo, ni lo tomo a nivel personal- por más que así haya sido- sino que termino observando que cada uno tiene su manera de ser y que, para bien o para mal, todos tenemos una forma de acercarnos.  Pero, llega un momento en donde me siento obligada a poner un límite y no desde el enojo, la bronca o la falta de respeto sino desde la frontalidad, la charla y la franqueza.
Decirle a un hombre –“Estamos grandes, si existe algo de lo que me quieras hablar, vení, sentate, que cuando ya tenemos más de 30 años, las cosas pueden conversarse cara a cara”- genera una conmoción tal que parece que los apabulla, y hasta se creería que sienten la necesidad de huir con tanta urgencia como si hubiesen escuchado el ultimo llamado del vuelo a Alaska. Sorprendente, no?. Es como si se pusieran nerviosos, como si no supieran que hacer, que decir, que comentar como para sostener esa idea de “macho” que tanto necesitan demostrar…

No me creo la mujer más bonita, ni la más sensual, ni deslumbrante del país, mundo, universo o lo que sea. Simplemente soy una mujer que le gustan los mimos, la dulzura, la tranquilidad, la sinceridad, la caballerosidad y por sobretodo el respeto. Y eso no significa que no juegue al juego de la histeria y la seducción, porque claro, eso es hermoso y se disfruta, pero cuando este juego se tiñe de colores opacos y sacan las cosas más grotescas del ser humano, yo pierdo la motivación, él pierde el encanto y culmina en un “simplemente sigo siendo yo pero un poquito menos simpática y complaciente” porque en fin, cada uno tiene su manera de ser, de mostrarse y de seducir, pero con el paso del tiempo, y gracias al autoconocimiento, me doy cuenta que estos modales no me sorprenden, no me atraen y, simplemente, no los elijo.

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