miércoles, 27 de junio de 2012

Extraño


Extraño tus besos impregnados de amor en mi vientre, los dibujos psicodélicos de tus dedos en mi espalda ardiente, tu aliento en mi nuca en la mañana, las sábanas desordenadas en la cama.

Extraño la inmensidad de nuestra locura enunciada en un solo grito, tu mirada decorosa presentándose como hito, tu caminar inciertamente seguro en donde habito.

También extraño tu débil inocencia, tu dejadez extrema teñida de incontinencia, tu dulzura inmaculadamente amena, tu alma desmesurada y tu dilema.


Extraño tu paz y tu guerra, tu sensibilidad mojando la tierra, el temblor que sacudían tus piernas al hacerme tuya y mi esencia que desde mis entrañas aúlla.

Extraño tu libertad exagerada, tu psiquis atormentada junto a  tus lastimaduras proyectadas; tu niñez debilitada y tu hombría predestinada… Extraño, extraño tanto sentirme tu amada.

martes, 26 de junio de 2012

Bendito el día


Bendito el día en que te descalzaste, caminaste sobre la arena de mi alma y plasmaste tus huellas imborrables. No hubo mar que te borre, lluvia que te disipe, ni huracán que te quite de ese lugar en donde dejaste la semilla de la planta de tus pies.

Bendito el día en que encendiste una hoguera de pasión en mis entrañas, sazonaste mis sueños con tus dulces palabras, hiciste un caldo sabroso de mis lágrimas y te apoderaste de mi cielo, mi infierno, mis ansias.

Bendito el día en el que florecí a bordo de tus dulces labios absolutamente encallada en el oleaje de nuestra esencia; el día en que acaricié tu suave rostro estremecido en la oscuridad de tu aliento, recorrí tu cuerpo preso de solidaridad estelar, visité tus párpados tensos en la inmensidad de tu salado mar y fui tuya, únicamente tuya, hasta la eternidad…

jueves, 21 de junio de 2012

El arte del amor


Lo abrace y lo lleve hacia mi pecho, mis lágrimas no dejaban de caer confundiéndose con la risa melancólica del agradecimiento profundo de haberlo tenido, de haberlo leído.

Mis suspiros incesantes y mi amarga felicidad pronunciaron su nombre y no solo le agradecí al Premio Nobel de la Literatura, el Señor Gabriel García Márquez, por haberme permitido pasear por su arte sino también, le agradecí a quien puso, de manera imaginaria, en mi mano y en mi corazón, este hermoso libro que marca una hermosa etapa en mi vida.

El amor es tal como uno lo vive, como lo viven Florentino Ariza y Fermina Daza, como lo vive Doña Rosa y Don Jorge, como lo vive Richard Bach y Leslie Parrish, como lo vive cada ser humano que habita este azulino planeta de locos.

Porque el amor tiene mucho de locura y la locura tiene mucho que ver con el amor y, “El amor en los tiempos del cólera”, tiene ese plus de saberse amado donde quiera que uno este, donde quiera que uno vaya, así, tan simple y tan perpetuo…como dice Florentino Ariza : “Toda la vida”.

Mientras


Mientras un señor a base esfuerzo, cemento y pala empareja el techo de su humilde casa en zona sur; una pareja pre-adolescente de zona norte no deja de besarse indomablemente.

Mientras una embarazada rompe bolsa en plena reunión familiar de domingo y todos sus familiares desesperan; un padre se ve obligado a ingresar a su madre a un geriátrico debido al alzhéimer que padece.

Mientras un veinteañero despierta con una resaca terrible y una sonrisa que asoma en la comisura derecha de su boca;  un niño hace malabares en plena Av. 9 de julio.

Mientras un piloto acelera haciendo las maniobras pertinentes para despegar su Boeing 737 en la corta pista de aterrizaje de Aeroparque; un automovilista pisa el freno desesperadamente con el objetivo de evitar la multa y el posible choque de la Autopista 25 de Mayo.

Mientras un niño, a base de picardía, aprovecha el descuido y roba un caramelo al kiosquero; un amigo abraza a otro y pronuncia “acá estoy, quédate tranquilo, ya va a pasar”.

Mientras un hombre llora cuando escucha que a su mujer le quedan pocos meses de vida, una pareja pronuncia felizmente "si quiero" frente al juez.

Mientras una mujer llora entristecidamente la pérdida de un amor absolutamente loco; el telón del teatro se abre y el cómico hace reír a carcajadas limpias a la señora considerablemente maquillada de la primera fila.

Así y asá, tan o no tan extremista, es la vida. Un sinfín de distintas situaciones sostenidas por  diferentes escenarios e incomparables historias de vida.

Sea cual sea la tuya, la mía, la nuestra, la de ustedes: NO LA JUZGUES, VIVILA COMO ES, CON LO QUE ES, CON LO QUE TIENE Y CON LO QUE NO TIENE TAMBIEN.
VALORA Y POR SOBRETODO RESPIRA, SENTÍ, VIVÍ, REÍ HASTA QUE TE DUELA LA PANZA Y LLORA HASTA QUE HAYAS EMPAPADO TODOS LOS HOMBROS EN LOS QUE PUEDAS APOYARTE.

domingo, 3 de junio de 2012

Te espero ( M. Benedetti)

Te espero cuando la noche se haga día,
suspiros de esperanzas ya perdidas.
No creo que vengas,
lo sé, sé que no vendrás.

Sé que la distancia te hiere,
sé que las noches son más frías,
sé que ya no estás.

Creo saber todo de ti.
Sé que el día de pronto se te hace noche:
sé que sueñas con mi amor,
pero no lo dices,
sé que soy un idiota al esperarte,
pues sé que no vendrás.

Te espero cuando miremos al cielo de noche:
tu allá,
yo aquí,
añorando aquellos días
en los que un beso marcó la despedida,
quizás por el resto de nuestras vidas.

Es triste hablar así.
Cuando el día se me hace de noche,
y la luna oculta ese sol tan radiante,
me siento sólo, lo sé;
nunca supe de nada tanto en mi vida,
solo sé que me encuentro muy sólo,
y que no estoy allí.

Mis disculpas por sentir así,
nunca mi intención ha sido ofenderte.
Nunca soñé con quererte,
ni con sentirme así.

Mi aire se acaba como agua en el desierto,
mi vida se acorta pues no te llevo dentro.
Mi esperanza de vivir eres tu,
y no estoy allí.
¿Por qué no estoy allí?,
te preguntarás...
¿Por qué no he tomado ese bus que me llevaría a ti?
Porque el mundo que llevo aquí no me permite estar allí,
porque todas las noches me torturo pensando en ti.
¿Por qué no sólo me olvido de ti?
¿Por qué no vivo sólo así?
¿Por qué no sólo...?


Mario Benedetti

Me dueles ( J. Sabines)


Mansamente, insoportablemente, me dueles. 
Toma mi cabeza. Córtame el cuello. 
Nada queda de mí después de este amor. 

Entre los escombros de mi alma, búscame, 
escúchame. 
En algún sitio, mi voz sobreviviente, llama, 
pide tu asombro, tu iluminado silencio. 

Atravesando muros, atmósferas, edades, 
tu rostro (tu rostro que parece que fuera cierto) 
viene desde la muerte, desde antes 
del primer día que despertara al mundo. 

¡Qué claridad de rostro, qué ternura 
de luz ensimismada, 
qué dibujo de miel sobre hojas de agua! 

Amo tus ojos, amo, amo tus ojos. 
Soy como el hijo de tus ojos, 
como una gota de tus ojos soy. 
Levántame. De entre tus pies levántame, recógeme, 
del suelo, de la sombra que pisas, 
del rincón de tu cuarto que nunca ves en sueños. 
Levántame. Porque he caído de tus manos 
y quiero vivir, vivir, vivir.

Me doy cuenta de que me faltas ( J. Sabines)


Me doy cuenta de que me faltas 
y de que te busco entre las gentes, en el ruido, 
pero todo es inútil. 
Cuando me quedo solo 
me quedo más solo 
solo por todas partes y por ti y por mí. 
No hago sino esperar. 
Esperar todo el día hasta que no llegas. 
Hasta que me duermo 
y no estás y no has llegado 
y me quedo dormido 
y terriblemente cansado 
preguntando. 
Amor, todos los días. 
Aquí a mi lado, junto a mí, haces falta. 
Puedes empezar a leer esto 
y cuando llegues aquí empezar de nuevo. 
Cierra estas palabras como un círculo, 
como un aro, échalo a rodar, enciéndelo. 
Estas cosas giran en torno a mí igual que moscas, 
en mi garganta como moscas en un frasco. 
Yo estoy arruinado. 
Estoy arruinado de mis huesos, 
todo es pesadumbre.

Amor mío, mi amor ( J. Sabines)


Amor mío, mi amor, amor hallado 
de pronto en la ostra de la muerte. 
Quiero comer contigo, estar, amar contigo, 
quiero tocarte, verte. 

Me lo digo, lo dicen en mi cuerpo 
los hilos de mi sangre acostumbrada, 
lo dice este dolor y mis zapatos 
y mi boca y mi almohada. 

Te quiero, amor, amor absurdamente, 
tontamente, perdido, iluminado, 
soñando rosas e inventando estrellas 
y diciéndote adiós yendo a tu lado. 

Te quiero desde el poste de la esquina, 
desde la alfombra de ese cuarto a solas, 
en las sábanas tibias de tu cuerpo 
donde se duerme un agua de amapolas. 

Cabellera del aire desvelado, 
río de noche, platanar oscuro, 
colmena ciega, amor desenterrado, 

voy a seguir tus pasos hacia arriba, 
de tus pies a tu muslo y tu costado.



Jaime Sabines