sábado, 14 de julio de 2012

Ser una Matrioshka


Hace un tiempo atrás un hombre me dijo que me parecía una “Matrioshka” debido a que dentro de mí existían miles de mujercitas que, lentamente, iba descubriendo. Me comentó también que eran un símbolo de feminidad, protección, sabiduría, experiencia y amor…


Hoy me siento más “Matrioshka” que nunca. Me gusta redescubrirme, sacarme las capitas y albergar dentro de mí la próxima mujer a descubrir.

Que feliz soy de ser una “Matrioshka”!!!!

martes, 10 de julio de 2012

Mañana


Mientras el retazo de papel ofrece un lugar de contención para mis acuosas debilidades oculares, miro con detenimiento el traje de hojalata que usaré nuevamente mañana a pesar de la resistencia que ofrece el músculo más importante del cuerpo.


Hoy dormiré rodeada de sábanas frías y almohadones solitarios, respiraré angustias por ilusiones provocadas, me hundiré en la huella de aquel colchón con el que fantaseé compartir deseos pasionales y, apagaré la luz que tutelaba mis sueños ficticios llenos de suaves palabras y profundos sentimientos.

Esta noche no habrá historias de caballeros y doncellas, de príncipes y castillos crueles que encierran un amor que se aventuraba florecer. No habrá monstruos a los que les haré frente ni fantasmas que persigan y atenten contra mi ego vagamente suspendido de frágiles hilos anudados a pompas de algodón. No sudare de nervios ante los avatares que pueden apalear tu salud ni despertaré, asombrada y sonriente, por imaginar nuestro primer amanecer juntos.

Mañana abriré la ventana del olvido en busca de nuevos colores para pintar mis quimeras, caminaré descalza por mi hogar intentando amigarme nuevamente con la tierra, calentaré, más de lo común, mi habitual desayuno pretendiendo descongelar las estalactitas que albergaron recientemente mi alma y deglutiré cada porción de pan, ansiando sentir una vaga sensación de saciedad en mi interior.

Mañana levantaré mi mentón y le dedicaré una melancólica mirada al destino, lo culparé por despojarme de ilusiones, miraré con desconfianza su accionar y cuestionaré su rol tirano para poder apaciguar la sensación enquistada de desengaño vital.

Mañana no habrá rayo de sol que esclarezca mi alma, ni lluvia que refresque mi dolor. No caminaré sonriéndole a la vida ni permitiré que me curen las heridas. Mañana, mañana será otro día, similar a los de antes, distinto a los demás simplemente porque mañana, mañana no enunciaré un “Buen día, mi amor”.

Ser mujer




Nacer mujer es un desafío hermoso porque sabes, desde el primer momento, que tenes la posibilidad de traer más vida al mundo. Empatizas con la mas pequeña hormiga cuando carga esa enorme hoja sobre su lomo, te retorces de dolor cuando ves un niño con hambre, te enterneces con una simple palabra susurrada en tu oído, te transportas a un lugar único con un suave beso y sentís, sentís que, cuando estas en los brazos de alguien a quien amas, estas en tu hogar.

Es verdad, a veces creemos que podemos con todo, que tenemos mil manos para llevar nuestros recuerdos en una valija, nuestras experiencias en la cartera, nuestras carencias en el neceser y nuestros anhelos en la típica bolsita de cartón, pero nos enorgullecemos de buscar, incansablemente, ciento de veces, hasta encontrar “eso”que tanto necesitamos. No nos damos por vencidas fácilmente porque creemos que, cuando se busca con amor y esperanza, nada nos detiene.

Ser mujer es mucho más que cocinar una rica comida, lavar ropa embarrada, planchar camisas a media noche, cuidar a tu familia, escuchar a tus amigos , abrazar a tus hijos, embellecerse a base de miles de cremas, soportar cambios de humor a base de hormonas incontrolables, trabajar arduamente hasta que no puedas más. Ser mujer también es decir: “No puedo. ¿Me ayudas?”, “No lo sé, ¿Me enseñas?”, “Abrazame”, “Te extraño”, “Te necesito”, “Te Quiero”, “Te amo” sin que se te quiebre la voz y el orgullo en pedacitos…

Ser mujer es sinónimo de vivir enamorada de la vida y de una misma porque somos como un pequeño, suave, esponjoso y dulce pastel espolvoreado de virtudes y defectos.

lunes, 9 de julio de 2012

Acerca de los hombres


A veces suelo encontrarme en situaciones que pasan de divertidas a poco graciosas en escasos segundos. Por lo general, suelo ser una mujer simpática, que sigue el tren de la joda colectiva sin necesidad de poner voz aguda  al estilo “ayyy por favooor”, manito en la cara mediante, para decir que no estoy de acuerdo con lo que están diciendo. Sin embargo, en este fin de semana me ha tocado vivenciar dos situaciones un tanto llamativas en donde los protagonistas fueron hombres – no adolescentes, aclaro-  que, con el afán de acercarse, han acudido a la agresividad disfrazada de chiste.

Quien no me tiro un papelito, me pateó o deslizo un comentario “levemente” jodido, optó por ponerse la chabacanería al hombro buscando arrimarse a través del típico llamado “doble sentido” buscando así la complicidad de aquellas personas que acompañaban la reunión.

Son maneras, pensé. Sin embargo, no es un gesto que me atraiga o me acerque sino todo lo contrario. Parece evidente que hay hombres que, lamentablemente, utilizan este tipo de escudos para llamar la atención de una mujer y, sin ser conscientes, terminan poniendo sobre la mesa su lado más vulnerable.

No me enoja, no juzgo, ni lo tomo a nivel personal- por más que así haya sido- sino que termino observando que cada uno tiene su manera de ser y que, para bien o para mal, todos tenemos una forma de acercarnos.  Pero, llega un momento en donde me siento obligada a poner un límite y no desde el enojo, la bronca o la falta de respeto sino desde la frontalidad, la charla y la franqueza.
Decirle a un hombre –“Estamos grandes, si existe algo de lo que me quieras hablar, vení, sentate, que cuando ya tenemos más de 30 años, las cosas pueden conversarse cara a cara”- genera una conmoción tal que parece que los apabulla, y hasta se creería que sienten la necesidad de huir con tanta urgencia como si hubiesen escuchado el ultimo llamado del vuelo a Alaska. Sorprendente, no?. Es como si se pusieran nerviosos, como si no supieran que hacer, que decir, que comentar como para sostener esa idea de “macho” que tanto necesitan demostrar…

No me creo la mujer más bonita, ni la más sensual, ni deslumbrante del país, mundo, universo o lo que sea. Simplemente soy una mujer que le gustan los mimos, la dulzura, la tranquilidad, la sinceridad, la caballerosidad y por sobretodo el respeto. Y eso no significa que no juegue al juego de la histeria y la seducción, porque claro, eso es hermoso y se disfruta, pero cuando este juego se tiñe de colores opacos y sacan las cosas más grotescas del ser humano, yo pierdo la motivación, él pierde el encanto y culmina en un “simplemente sigo siendo yo pero un poquito menos simpática y complaciente” porque en fin, cada uno tiene su manera de ser, de mostrarse y de seducir, pero con el paso del tiempo, y gracias al autoconocimiento, me doy cuenta que estos modales no me sorprenden, no me atraen y, simplemente, no los elijo.