Llovió todo
el día y cada gota que caía sobre cada grano de cemento golpeaba fuertemente mi
alma, su sonido ensordecedor me recordaban cuanto te extrañaba y necesitaba.
No hubo
truenos, pero mi corazón temblaba en silencio frente a la ausencia de nuestras
palabras; rugía tímidamente llenando de dolor ese vacio que provoca el no
tenerte cerca.
Los rayos
nunca aparecieron, pero la luz de mi alma sigue proyectando amor de manera
firme, no intermitente. La luz sigue en mi pecho, mas viva que nunca, porque
sigo palpitando cada sílaba de tu nombre, cada respiración de tu alma, cada
ardor de tu cuerpo, cada sensación de tu abrazo.
Llovió todo
el día y me inunde completa, me angustié y mientras mi segundo nombre me
desgarraba el alma, viví, en carne viva, el dolor de no poder abrazarte.
Te amo y te necesito tanto...

No hay comentarios:
Publicar un comentario