domingo, 29 de abril de 2012

Soledad


Llovió todo el día y cada gota que caía sobre cada grano de cemento golpeaba fuertemente mi alma, su sonido ensordecedor me recordaban cuanto te extrañaba y necesitaba.

No hubo truenos, pero mi corazón temblaba en silencio frente a la ausencia de nuestras palabras; rugía tímidamente llenando de dolor ese vacio que provoca el no tenerte cerca.

Los rayos nunca aparecieron, pero la luz de mi alma sigue proyectando amor de manera firme, no intermitente. La luz sigue en mi pecho, mas viva que nunca, porque sigo palpitando cada sílaba de tu nombre, cada respiración de tu alma, cada ardor de tu cuerpo, cada sensación de tu abrazo.

Llovió todo el día y me inunde completa, me angustié y mientras mi segundo nombre me desgarraba el alma, viví, en carne viva, el dolor de no poder abrazarte.

Te amo y te necesito tanto...

No hay comentarios:

Publicar un comentario